La mente, el músculo olvidado (parte I)

Vivimos en una época en la que afortunadamente, la sociedad está cada vez más concienciada de que la práctica deportiva mejora la salud, y es por esto, que cada vez son más las personas que se calzan a diario las zapatillas para salir a correr, o salen con la bicicleta, o simplemente practican su actividad favorita.

Hoy en día, vemos en nuestras calles instalaciones deportivas de calidad, centros que son capaces de albergar a miles de personas a la vez practicando actividad física, disciplinas como el Crossfit que llegan con un pan bajo el brazo que no es otro que el de hacer que deportes como la halterofilia, el Powerlifting, la calistenia e infinidad de deportes que en nuestro país estaban olvidados tengan ahora gran relevancia. Curiosamente se ha cambiado la imagen de lo que siempre fue el gimnasio de barrio en el que hace años los hombres iban a hacer musculación y las mujeres iban a hacer aerobic por macro centros equipados con las últimas tecnologías y que ofrecen gran variedad de actividades a practicar en los que todo el mundo tiene cabida sea cual sea su condición física o su objetivo.

Este boom de la práctica deportiva está totalmente relacionado con que cada vez sean más las personas que empiezan practicando una actividad, ven que no se les da del todo mal y quieren dar el salto a la competición. Este es un hecho que a mí me encanta ver, dado que el tomar la decisión de competir no es más que el deseo de una persona de ver dónde están sus límites y es aquí donde empieza a tomar sentido todo sobre lo que os quiero hablar en este artículo.

De la práctica deportiva a la competición

Tomar la decisión de competir en una disciplina no es tarea fácil. Son muchos los sacrificios que se deben de hacer y que van más allá de dedicar un par de horas diarias al entrenamiento y es por este motivo por el cual se pueden vivir experiencias muy diferentes al tomar esta decisión en función de cómo sea nuestro planteamiento.

Hacer frente a una competición debe de ser ante todo una gran experiencia para nosotros.

Es de entender de que cuando tomamos la decisión de medir nuestro potencial con otras personas es porque previamente hemos valorado todos los pros y todos los contras que puede tener para nosotros el hecho de tomar esta decisión.

Si no hacemos este planteamiento antes de empezar, estoy casi seguro de que tiraremos la toalla antes de conseguir nuestro objetivo, dado que por el camino nos vamos a encontrar muchos obstáculos que tendremos que superar y sólo una mente preparada podrá hacerlo.

Esos obstáculos pueden ser el tener que quitar tiempo a nuestros seres queridos, tener que sacrificar días libres, vacaciones y tiempo de ocio para dedicar al entreno, adecuar nuestra alimentación para mejorar el rendimiento o simplemente acostumbrarnos a vivir con un sistema nervioso agotado por la sobrecarga acumulada. Porque uno de los factores más importantes a tener en cuenta es el planificar cómo vamos a compaginar nuestra preparación con nuestro día a día (trabajo, casa, niños, pareja…).

Preparación para la competición

Pues bien. Supongamos que todo esto ya está contemplado. Ahora tenemos por delante tres, cuatro, seis meses para preparar nuestro objetivo.

Los entrenamientos empiezan siendo suaves, pero a medida que va pasando el tiempo se van haciendo más exigentes hasta el punto de que llegará un día en el que vayamos a entrenar y estemos tan agotados por el trabajo acumulado que el simple hecho de cambiarnos en el vestuario nos haga plantearnos el volvernos para casa.

Es este el momento en el que entra en juego un factor que a lo largo de mi carrera como deportista me he dado cuenta de que casi nadie incluye en su planificación: el factor mental.

Entrenar la mente es lo que diferencia a un deportista de un aficionado. Porque una mente preparada y centrada hará ver nuestra meta de otra manera. Nos enseñará a hacer frente a los obstáculos del camino y nos enseñará a ver las derrotas como un aprendizaje y no como algo negativo. Todo el que se deje llevar por sus emociones, verá afectado su empeño y su concentración.

David Segorbe
Deportista, Campeón de Europa, Campeón del Mundo absoluto y Record mundial de Powerlifting.
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