Nutrición Celular: la nutrición del futuro

Cada vez las personas asocian más la palabra “nutrición” a “nutrientes” y no simplemente a paladar, la nutrición hoy día se entiende por suministrar los nutrientes necesarios para vivir y no contraer enfermedades.

En general no se quieren tomar demasiadas grasas para no contraer un infarto o no comer demasiado azúcar para no contraer diabetes o lo más común en ambas, no engordar, por no hablar de demasiada sal para no tener hipertensión. La sociedad actual está más preocupada en tener un cuerpazo que en la salud en general.

El concepto de la suplementación junto a la dieta ha marcado un antes y un después, y ha ayudado a la población a entender que la salud y la estética pueden ir de la mano, es lo que conocemos como nutrición ortomolecular o celular.

 

Pocos son ya los que no saben que prácticamente somos células y las células se componen mayoritariamente de proteínas y grasas, por lo que la alimentación es fundamental para que estas células estén sanas y mantener la salud de los tejidos y de los órganos.

A partir de la ingestión de alimentos tienen lugar unos procesos metabólicos de digestión, absorción y asimilación que terminan con los nutrientes atravesando la pared celular para ser aprovechados por la célula. La nutrición ortomolecular analiza el comportamiento celular, la manera en la que la célula absorbe los nutrientes y cómo los utiliza para determinar qué tipo de dieta es la más indicada para el mantenimiento de la salud celular y la prevención de la enfermedad.

En conclusión, la nutrición celular se define como el abastecimiento de nutrientes que las células del organismo necesitan para obtener energía y mantener su estructura y funciones.

Las células necesitan los mismos nutrientes que hasta ahora se han considerado esenciales, lo que diferencia a la nutrición ortomolecular es que defiende el equilibrio entre nutrientes como algo fundamental para el correcto funcionamiento celular. Es decir, que no solamente es necesario que la dieta no sea deficiente en ningún nutriente, sino también que no contenga sustancias en exceso que puedan desequilibrar el comportamiento celular dañando su capacidad para absorber y utilizar estos nutrientes esenciales.

La célula está envuelta en una fina membrana compuesta principalmente por materia grasa y dentro de ella se encuentran moléculas proteicas que desempeñan funciones especializadas. La membrana celular ejerce una función vital ya que controla lo que puede o no puede pasar al interior celular. El interior celular está dividido en compartimentos, entre los que se encuentra el núcleo, dentro del núcleo se encuentra el material genético que lleva toda la información necesaria para la estructura y funcionamiento de la célula.

La célula puede ver su funcionamiento y estructura afectados tanto por una deficiencia de minerales y vitaminas como por un exceso de sustancias como toxinas, sodio, calcio y azúcar. La deficiencia de nutrientes enlentece las funciones celulares y resta energía a la célula.

El exceso de toxinas inhibe o destruye las enzimas, entorpece la producción de energía celular e incapacita a la célula para sintetizar proteínas. Algunas toxinas afectan al material genético y otras pueden dañar la pared celular. El sodio y el azúcar en exceso tienen también un carácter tóxico y afectan a la célula de la misma manera que lo hacen las toxinas.

En general, puede haber muchos desequilibrios celulares, pero en este artículo vamos a centrarnos en los tres más importantes.

Desequilibrio del Sodio y el Potasio

En las células la electricidad es conducida por iones positivos del sodio, De hecho, cada célula tiene su propio sistema eléctrico que consiste en un generador de energía que proporciona electricidad para que funcionen los demás mecanismos. En las células la electricidad es conducida por iones positivos de sodio (llamados Na+). La manera en que la célula genera energía es a través de un mecanismo llamado la bomba de sodio y potasio. En los años 40 y 50 se descubrió este mecanismo de la superficie celular que bombea el sodio hacia el interior y el potasio hacia el exterior produciendo un ambiente intracelular alto en potasio y bajo en sodio.
Ya nos podemos imaginar entonces que la relación entre ambos nutrientes es esencial para el funcionamiento celular y que tanto un exceso como una deficiencia de ambos lo pueden descompensar.

Un exceso de sodio en el exterior de la célula debido a una ingesta excesiva hace que a la larga el sodio empiece a penetrar al interior de la célula. La cantidad de sodio o de sal en la dieta que puede ser excesiva para la célula depende de diversos factores y varía de un individuo a otro. Unos individuos estarán mejor capacitados para soportar unos niveles altos de sodio y otros necesitarán restringir la sal al máximo. Si existe una deficiencia de magnesio o de potasio o si la célula está cargada de toxinas, incluso una pequeña cantidad de sodio puede ser peligrosa. Cuando el sodio penetra la célula viene acompañado por un exceso de agua. Este exceso de líquido diluye los contenidos celulares. La bioquímica de la célula deja de funcionar normalmente cuando las enzimas, sustratos y cofactores se reducen a concentraciones menores. El exceso de sodio en el interior de la célula facilita a su vez la entrada de ácidos y toxinas ya que la célula produce menos energía necesaria para la detoxificación al dejar de funcionar eficientemente la bomba de sodio y potasio.

Desequilibrio del Calcio y el Magnesio

La bomba de sodio y potasio no solo proporciona energía a la célula sino que también hace funcionar otro mecanismo esencial para la salud de la célula: la bomba de calcio. La bomba de calcio permite que tres iones de sodio entren en la célula y con la energía que se libera sale un ion de calcio. Este tipo de mecanismo existe en la superficie de las células nerviosas y musculares. El calcio disuelto en el interior de la célula debería ser 10,000 veces menor que el que se encuentra en el exterior. Esto es especialmente importante en las células de los músculos ya que un pequeño incremento del calcio intracelular provoca que el músculo se contraiga. Si esto ocurre en los músculos de las arterias, estas se estrechan dando lugar a un incremento de la presión sanguínea. Aun más, un aumento del nivel intracelular de calcio incrementa el crecimiento y la división celular y puede también incrementar la producción de colágeno lo que produce el endurecimiento de los tejidos. Una deficiencia de magnesio en el interior de la célula lleva a una disminución de la actividad de la bomba de sodio y potasio lo que a su vez enlentece la bomba de calcio.

El magnesio no solamente es necesario para el funcionamiento de la bomba de sodio y potasio sino que también estabiliza la membrana celular previniendo que haya huecos por los que pueda entrar el calcio. Todo un dispositivo celular en función del mantenimiento de unos niveles adecuados de calcio, sodio, potasio y magnesio. Debemos ayudar al metabolismo celular con unos niveles adecuados de estos nutrientes en la dieta.

Desequilibrio del omega 3 y el omega 6

El desequilibrio entre estos ácidos grasos provoca inflamación, desequilibrios hormonales, enfermedades autoinmunes, problemas de coagulación de la sangre, etc…en general una de las principales causas del deterioro de nuestra salud

El equilibrio correcto entre los ácidos grasos omega-6 y omega-3 debería ser entre 1:1 y 4:1, y la alimentación estándar tiene una ratio media de 20:1

Podemos recuperar el equilibrio entre ambos ácidos grasos eliminando de nuestra alimentación los alimentos procesados y los excesos de aceites vegetales, reduciendo nuestro consumo de omega-6 y aumentando nuestro consumo de omega-3 con una alimentación más natural, rica en vegetales de hoja verde, semillas y frutos secos crudos, pescados azules, etc…

Otra opción es recurrir a la suplementación de omega-3 tomando perlas de aceite de pescado azul

Raul Carrasco IFBB PRO
www.raul-carrasco.com
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